La reciente demanda contra Taringa no hace más que reflotar un debate que estamos propiciando desde hace mucho en Tecnozona y que es que “Toda empresa tiene hoy en día la obligación de revisar su modelo de negocios ante la aparición de Internet”, como decíamos en la nota linkeada. Lo cierto es que cada día, aproximadamente, aparece alguna noticia que da cuenta tanto de la actividad que las grandes cámaras empresarias hacen tratando de impedir lo que ellas llaman “piratería”, como de las iniciativas que, basadas en la comunidad, tratan de superar tanto los frenos provocados por la legislación actual (y los modelos de negocios concentrados) como de abrir alternativas ingeniosas. Hoy vamos a dedicarnos a algunos ejemplos de esto último.

Dejemos en claro, antes que nada, que las iniciativas comunitarias no requieren Internet para desarrollarse. En todo caso, lo que Internet puede hacer es vehiculizarlas o facilitarlas. Y ahí está Bookcrossing Argentina que no me deja mentir. Se trata de un grupo de lectores consuetudinarios que encontraron la manera de hacer circular libros de manera comunitaria. “La idea de Bookcrossing es transformar el mundo en una biblioteca”, según lo cuenta una de las responsables en el video del sitio.
Pero, por supuesto, como siempre sostenemos, Internet ha llegado para redefinir los modelos de negocios de las grandes (y medianas, y pequeñas) empresas. Y por eso suenan tan interesantes algunas iniciativas que están apareciendo. Una de ellas es la llamada “crowdfunding”, que consiste en pedir a la comunidad ayuda financiera a cambio de algún tipo de compensación.
Tal es el caso de Pioneer One, una serie de ciencia ficción que ya va por su cuarto episodio de seis y en la cual te ofrecen desde archivos mp3 con la banda sonora hasta créditos como productor en el rol de la serie.
Otro caso es el de El Cosmonauta, que te permite donar dinero a través de alguna cuenta bancaria o comprando merchandising de la futura película. En ambos casos es posible, también, participar del guión, de traducción de subtítulos y otras actividades más.
Tenemos los antecedentes de Big Buck Bunny y de Elephant’s Dream. El año pasado apareció Sintel, un nuevo proyecto de The Blender Institute que sigue las mismas pautas de los dos anteriores: realizados con software libre (Blender, entre otros) y con los distintos elementos (desde texturas y personajes hasta música y efectos) licenciados por CC para que los puedas usar y crear tu propio Remix o, incluso, tu propia historia.
Iniciativas hay muchas y sería redundante (y además alargaría mucho la nota) mencionarlas a todas, tanto en la música como en la literatura. Lo que quisiera terminar de resaltar es que hay propuestas, inorgánicas pero propuestas al fin, como para apuntar a aquellos lugares (mínimos en un primer momento) por donde podría venir el cambio legal.
Desde el 2006, “Perseguir las vulneraciones de la propiedad intelectual como delito no es posible en España, […] porque para ello es preciso demostrar […] que hay un ánimo de lucro comercial a gran escala”, según lo afirma la fiscal Pilar Rodríguez, de la Fiscalía Provincial de Madrid, en esta nota de El País.
Algo semejante sostuvo nuestra amiga Bea Busaniche en un debate que días pasados se llevó a cabo en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, según este artículo de Página|12, en el que dijo que “la ley nada dice sobre el fin de lucro, sólo se refiere a la reproducción. Y ese es el delito que cometemos todos”.
O sea, el tema está instalado (gracias, Taringa!… y perdón también) y no viene mal que lo discutamos una y otra vez.

Por Ricardog

Periodista científico especializado en tecnología. Médico en retiro efectivo.

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