Las tabletas son herramientas de Barbarroja

En un momento en el que se habla mucho de medios hegemónicos que marcan la agenda, de campañas de movilización a favor o en contra de tal o cual, de opiniones interesadas acerca de cuál es el rumbo que debe tomar quién… en un momento como éste, que marca una especie de cambio de etapa, es bueno darse cuenta, y no para bien, precisamente, que lo que hoy vivimos a nivel local, también se vive —y soporta— a nivel global. Esta vez la noticia viene de España donde, según ejecutivos de la industria editorial, apoyados por medios masivos, dispositivos como el iPad y equivalentes aumentan la piratería. Habráse visto…

El artículo original salió en El País de Madrid bajo el título de “La tableta da alas al libro ‘pirata’” entre cuyas frases destaca “La «piratería» del mercado de libros digitales se ha disparado debido a la aparición de dispositivos como los lectores de libros electrónicos (conocidos como e-reader) y, sobre todo, por las tabletas como el iPad de Apple”.
Además de términos como “temen”, “estiman” o “alarma”, la nota dice que la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) emplazó a la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde a recibirlos y obrar, en base a un estudio llevado a cabo por el denominado Observatorio de Piratería, realizado por la consultora IDC. Vale la pena aclarar que este estudio fue solicitado a IDC por “la Coalición de Creadores de Contenidos, el lobby integrado por las sociedades de gestión de derechos y parte de la industria cinematográfica y musical”, tal como reconoce el artículo.
Pero más allá del temor real o simulado de la industria editorial, lo importante no es lo que sientan en sí, sino la presión que son capaces de hacer. Y para eso no dudan en la manipulación y la falacia narrativa. Es lo que sostiene Ricardo Galli Granada, doctor en informática, profesor de la UIB y socio-fundador y programador de Menéame.net, entre otras cosas, en su blog Ricardo Galli, de software libre. En su nota Tabletas y la falacia narrativa perfecta, desnuda los mecanismos que utiliza tanto la FGEE como El País para dar la sensación de un peligro que es real sólo en la imaginación de los autores.
Galli había dado una conferencia acerca de la desinformación en los medios, y aprovecha este artículo de El País que citamos para demostrar prácticamente las técnicas que utilizó el diario para difundir su opinión (¿o debería decir campaña de desinformación?). Me voy a limitar a reproducir lo que, según Galli, son los problemas que hay en el artículo:

  • Teorización: se hacen hipótesis espectaculares a partir de las creencias y temores de unas pocas personas.
  • Sesgo de creencias previas: todos los involucrados en el reportaje presuponen que la piratería de libros es enorme y es malísima.
  • Sesgo de selección: se elige la opinión y [escasa] información que confirma la hipótesis presentada, no se cita ninguna opinión o estudio que contraste datos e información contraria (o “mirar al cementerio”).
  • Sesgo de confirmación: como esa opinión y [dudosa] información confirman las hipótesis, se las considera un hecho.
  • Sobrecausación: aumenta la venta de tabletas, entonces aumenta la piratería.
  • Estudios/encuestas inválidas: no citan estudios actuales, pero se refiere a estudios encargados por los propios interesados que en su propio título, “Observatorio de Piratería”, indica el sesgo que tiene.
  • Dramatización (creo que no hace falta explicarla).”

Según este autor, todo esto configura una falacia narrativa cuyo único objetivo es hacer lobby para endurecer las leyes sobre copyright a fin de conservar una estructura empresaria que tiende a la obsolescencia.
Vale la pena leer también los comentarios al artículo de Galli, entre los que se resalta que nada de lo que la industria editorial española “teme” o “la alarma” sucedería si hubiera un buen catálogo de literatura electrónica en español y si los precios estuviesen accesibles. Varios mencionan a Amazon y iTunes como los modelos a seguir.
Como hemos dicho más de una vez, Internet —y en este caso tanto las tabletas y e-readers como la literatura en formato digital— ha llegado para cuestionar los modelos de negocios tradicionales. Sólo sobrevivirán los negocios que sepan adaptarse a las nuevas condiciones.
Como dice uno de los comentaristas del artículo, “es más preocupante que las compañías editoras no se den cuenta que su verdadero problema no es la “piratería” (como ellos le llaman), sino su propio modelo comercial anquilosado y carente de visión”.

Ricardog

Periodista científico especializado en tecnología. Médico en retiro efectivo.

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