Al final, copiar era bueno

Finalmente se destapó la olla: copiar no sólo no es malo sino que cuanto más abierto a que te copien estás, más exitoso sos. El famoso apotegma de que la protección de la propiedad intelectual es lo que impulsa la innovación, resultó ser falso, ya que la innovación, la creatividad y el avance tecnológico no encuentran mejor caldo de cultivo que cuando los conocimientos se comparten. Y esto, que no hace sino darles más argumentos a los cultores del software libre, no lo digo yo: es un libro publicado en Oxford, una universidad que nadie podría considerar progresista o liberal. Por lo menos desde nuestro punto de vista del Sur.

Si hay algo que los defensores del software libre no se cansan de afirmar cada vez que pueden, es que hay cientos –si no miles– de ejemplos que demuestran que la innovación y la creatividad no necesitan de un sistema de protección (llamale patentes, derecho de autor o, como le gusta a algunos, de propiedad intelectual) para desarrollarse. Con lo cual, supuestos axiomas como los que defienden empresas como Microsoft o Autodesk, organizaciones como BSA o SL o libros como el de Martín Carranza Torres (“El Derecho de la Innovación Tecnológica” – Abeledo Perrot) serían falsos.
Ahora bien, resulta que dos autores, llamados Kal Raustiala y Chris Sprigman escribieron un libro, publicado por Oxford University Press, llamado “The Knockoff Economy: How Imitation Sparks Innovation”, cuya síntesis podés encontrar en esta nota del Wall Street Journal. Los autores demuestran con variados ejemplos cómo sistemas que nunca tuvieron protección anticopia (como el de las metodologías financieras) o que, a pesar de tenerla, no se respetó (como en el mundo de la moda), lo único que lograron, fue que la creatividad se viera incentivada y la innovación, acelerada.
Basado en esta síntesis, James Allworth escribió un artículo en el blog del Harvard Business Review titulado “¿A quién le importa que Samsung copiase a Apple?, a propósito del juicio que la compañía de la manzanita le está haciendo a la coreana sobre patentes aplicadas a las tablets.  Allworth reseña brevemente la historia de los litigios que mantuvo Apple (cómo perdió con Microsoft, por ejemplo) por asuntos de copia y cómo, a pesar de ser regularmente copiada, Apple nunca dejó de innovar. Hasta menciona un mail interno de un ejecutivo manzanero en el que recomienda cambios en la iPad a partir de rever una tablet de Samsung.
Como dice el autor, “todos estos juicios dando vueltas sugieren que todo el mundo está copiando a todo el mundo” y asegura que “trompearse” en una corte acerca de quién copió a quién es antiproductivo.
Allworth propone una solución: enfocate en tu negocio y que sea el consumidor, y no un jurado, el que tome las decisiones sobre innovación. “La mejor defensa contra la copia no es un juicio, sino innovar a una velocidad tal a la que la competencia no tenga tiempo de copiarte”, concluye.
El riesgo de tal propuesta, agrego yo, es que el público no soporte tanta innovación tan rápidamente. Hasta me atrevería a decir que es lo más probable…

Foto del Wall Street Journal.

Ricardog

Periodista científico especializado en tecnología. Médico en retiro efectivo.

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